LOS LOCOS ESTÁN CUBIERTOS
Yo detesto los bichos. De hecho no tengo un amor particular por los animales. Soy de las personas de no perro, no gato. Cuando niño tuve una pecera y los peces se murieron, los enterramos en cajas de queso crema en una matera exterior del apartamento. Tuve tortuga, aunque esa ya no era mía, era de mi hermano, y la tortuga se perdió, o se murió de hambre y luego apareció un cadáver de tortuga debajo de una cama o en una esquina detrás de una cortina.
No soy bueno con los animales. Nos mantenemos a una distancia prudente. Ellos no me molestan, yo no los molesto. Raro porque soy bueno con los niños que son también como un animalito. Pero los niños no babean tanto como los perros, ni sueltan pelusa como los gatos. Una vez uno supera las manos untadas de pollo los niños están bastante bien.
Pero lo peor de todo son los bichos. Odio los bichos. Detesto los bichos. Me producen terror, desconfianza, escozor. Los insectos son los máximos supervivientes de la evolución, así que me imagino que es apenas natural que uno como hombre (macaco evolucionado) les tema o por lo menos los tenga en mala estima.
Aunque no todos. Yo en el colegio tenía amiguitos que eran felices agarrando cucarrones, poniendo mariquitas a caminar por la palma de la mano. Muy naturales ellos, muy en armonía con la naturaleza. Yo de niño ya le temía a los bichos, y además hice una que otra maldad con los insectos y creo que ahí empezó nuestra confrontación, que seguramente me acompañará hasta el final de mis días cuando me haga cremar para negarles el bocadito de primate a los gusanos.
Una que otra maldad: la más grave de todas fue incinerar un cucarrón. Un cucarrón grande, de unos dos centímetros. No lo hice solo. Un amiguito de infancia me acompañó, él, que no tenía problema en agarrar cucarrones, me hizo el favor de ubicar al amigo cucarrón encima de la caja de fósforos que compré para hacer el experimento. Una vez ubicado el cucarrón, rápidamente encendí un la caja de fósforos completa. Se levantó una llama de unos 10 centímetros y en cuestión de segundos el cucarrón quedó literal y figurativamente frito. A mí me dio un terrible sentimiento de culpa. Creo que a mi amiguito también porque se entró de una a la casa y me dejó a mí ahí, triste con mi víctima. Alcancé a pensar que nadie me lo iba a perdonar.
Luego un día estaba yo tranquilo jugando en una montaña y una abeja se encendió contra mí y me clavo el aguijón. Fue dolorosísimo! Debía tener yo nueve años, y desde entonces abeja=enemiga, abeja que veía pagando, pisotón que se le venía encima. Ya perdoné a las abejas, ya no las persigo, espero que las abejas me hayan perdonado.
Igual la pelea con los insectos es una pelea perdida. Hace dos días una pulga me está tragando vivo. No sé donde la cogí (aunque desconfío de mis amigos con perro...) pero empezó por el brazo izquierdo y a pesar de duchas hirvientes y extremas, a pesar de despojarme de la ropa en el patio directamente a la lavadora, la pulga se mantiene y avanza lentamente, me muerde el pecho, se acerca a la ingle.
Son miles, tienen muchas formas, cientos de especies. Y es imposible escaparse. Ayer fui a coger un papel de cocina y había un cucarrón agarrado de la primera hoja. Por el techo caminan arañas. Cada noche vuelan encima de mi cabeza mosquitos chupasangre.
Yo me siento muy intranquilo, preguntándome si cada vez que mato un mosquito, o una araña que ya está madurando) estoy retrocediendo en la escala kármico-cósmica: 1 insecto reencarnación en león de circo. 2 insectos reencarnación en perro. 3 Insectos en paloma de techo de supermercado. 5 Insectos = vaca. 8 Insectos = piedra. Y yo que ya debo llevar no sé, 20, 30, 50? ¿Qué me espera? ¿Reencarnar en Jota Mario?
Una vez en una finca me picó un bicho. Yo creí que era un pito y me iba a dar el mal de chagas. Todavía a veces me da terror porque no sé si el bicho que me picó era un pito o no. Pero el otro día vi fotos del pito. Y era bien diferente al animal que me picó. Así que tal vez (sólo tal vez) me salvé. Me enteré también que el pito es la misma vinchuca (la que hace vinchú vinchú...).
Me condenan los insectos, me aburren, me dan señales. Un día llegué a mi casa de muy mal genio, y empecé a renegar porque mi hermano dormía con su novia en la cama donde yo siempre dormía. Renegaba y renegaba, de muy mal humor, absolutamente intolerante y cuando me acosté a dormir sentí un leve cosquilleo, volteé mi cabeza y de un salto tuve que escapar del ciempiés que caminaba por mi almohada.
Cómo llegó un ciempiés a mi almohada? A mí me late que fue a decirme algo. Que me calmara que dejara la mala onda. Ver un ciempiés caminando a dos centímetros de la oreja es una cosa aterradora.
Fin de la historia: los insectos son nuestros aliados sólo que son unos aliados espantosos, y terroríficos, pero que con toda seguridad dicen la verdad.
Señores: no más perros, no más gatos, no más canaritos, ni peceras con peces o boas. Comprémonos un surtido de escarabajos imperiales y mientras yo pido perdón empecemos a descifrar el mundo.
No soy bueno con los animales. Nos mantenemos a una distancia prudente. Ellos no me molestan, yo no los molesto. Raro porque soy bueno con los niños que son también como un animalito. Pero los niños no babean tanto como los perros, ni sueltan pelusa como los gatos. Una vez uno supera las manos untadas de pollo los niños están bastante bien.
Pero lo peor de todo son los bichos. Odio los bichos. Detesto los bichos. Me producen terror, desconfianza, escozor. Los insectos son los máximos supervivientes de la evolución, así que me imagino que es apenas natural que uno como hombre (macaco evolucionado) les tema o por lo menos los tenga en mala estima.
Aunque no todos. Yo en el colegio tenía amiguitos que eran felices agarrando cucarrones, poniendo mariquitas a caminar por la palma de la mano. Muy naturales ellos, muy en armonía con la naturaleza. Yo de niño ya le temía a los bichos, y además hice una que otra maldad con los insectos y creo que ahí empezó nuestra confrontación, que seguramente me acompañará hasta el final de mis días cuando me haga cremar para negarles el bocadito de primate a los gusanos.
Una que otra maldad: la más grave de todas fue incinerar un cucarrón. Un cucarrón grande, de unos dos centímetros. No lo hice solo. Un amiguito de infancia me acompañó, él, que no tenía problema en agarrar cucarrones, me hizo el favor de ubicar al amigo cucarrón encima de la caja de fósforos que compré para hacer el experimento. Una vez ubicado el cucarrón, rápidamente encendí un la caja de fósforos completa. Se levantó una llama de unos 10 centímetros y en cuestión de segundos el cucarrón quedó literal y figurativamente frito. A mí me dio un terrible sentimiento de culpa. Creo que a mi amiguito también porque se entró de una a la casa y me dejó a mí ahí, triste con mi víctima. Alcancé a pensar que nadie me lo iba a perdonar.
Luego un día estaba yo tranquilo jugando en una montaña y una abeja se encendió contra mí y me clavo el aguijón. Fue dolorosísimo! Debía tener yo nueve años, y desde entonces abeja=enemiga, abeja que veía pagando, pisotón que se le venía encima. Ya perdoné a las abejas, ya no las persigo, espero que las abejas me hayan perdonado.
Igual la pelea con los insectos es una pelea perdida. Hace dos días una pulga me está tragando vivo. No sé donde la cogí (aunque desconfío de mis amigos con perro...) pero empezó por el brazo izquierdo y a pesar de duchas hirvientes y extremas, a pesar de despojarme de la ropa en el patio directamente a la lavadora, la pulga se mantiene y avanza lentamente, me muerde el pecho, se acerca a la ingle.
Son miles, tienen muchas formas, cientos de especies. Y es imposible escaparse. Ayer fui a coger un papel de cocina y había un cucarrón agarrado de la primera hoja. Por el techo caminan arañas. Cada noche vuelan encima de mi cabeza mosquitos chupasangre.
Yo me siento muy intranquilo, preguntándome si cada vez que mato un mosquito, o una araña que ya está madurando) estoy retrocediendo en la escala kármico-cósmica: 1 insecto reencarnación en león de circo. 2 insectos reencarnación en perro. 3 Insectos en paloma de techo de supermercado. 5 Insectos = vaca. 8 Insectos = piedra. Y yo que ya debo llevar no sé, 20, 30, 50? ¿Qué me espera? ¿Reencarnar en Jota Mario?
Una vez en una finca me picó un bicho. Yo creí que era un pito y me iba a dar el mal de chagas. Todavía a veces me da terror porque no sé si el bicho que me picó era un pito o no. Pero el otro día vi fotos del pito. Y era bien diferente al animal que me picó. Así que tal vez (sólo tal vez) me salvé. Me enteré también que el pito es la misma vinchuca (la que hace vinchú vinchú...).
Me condenan los insectos, me aburren, me dan señales. Un día llegué a mi casa de muy mal genio, y empecé a renegar porque mi hermano dormía con su novia en la cama donde yo siempre dormía. Renegaba y renegaba, de muy mal humor, absolutamente intolerante y cuando me acosté a dormir sentí un leve cosquilleo, volteé mi cabeza y de un salto tuve que escapar del ciempiés que caminaba por mi almohada.
Cómo llegó un ciempiés a mi almohada? A mí me late que fue a decirme algo. Que me calmara que dejara la mala onda. Ver un ciempiés caminando a dos centímetros de la oreja es una cosa aterradora.
Fin de la historia: los insectos son nuestros aliados sólo que son unos aliados espantosos, y terroríficos, pero que con toda seguridad dicen la verdad.
Señores: no más perros, no más gatos, no más canaritos, ni peceras con peces o boas. Comprémonos un surtido de escarabajos imperiales y mientras yo pido perdón empecemos a descifrar el mundo.

7 Comments:
pfffffff....
Ja!...
Después de la seriedad total!...es bueno refrescarse un poco. Muy chistoso...ja...en fin...parece un ejercicio de improvisación...me gustó, en serio es refrescar un poco...el anterior post es totalmente distinto!...en fin...bue...ya
Eso...
tengo sueño...
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Bajan, at 12:53 AM, July 20, 2005
Alejo:
En la época más hippie de mi tio, él ni siquiera mataba sancudos. Vivía en la Candelaria, en una casa grande, amplia y vieja y en su cuarto capturaba minusiosamente los insectos voladores y los sacaba por la ventana; los cogía con el mayor de los ciudados para no estropearles ni un ala; respetaba profundamente la vida. Y ahroa que estoy en Cali y cada noche hay un sancudo - no sé si es el mismo o si es uno distinto cada vez - me debato entre convertirme en un asesino o en un martir. Y a eso le sumo el hecho de que mi mamá se regocija cada vez que aplasta uno de estos pequeños insectos entre sus grandes manos. ¿Qué hago? Por ahora los mato, pero también me digo a mi mismo, "estoy acabando con una vida" y me hago conciente de todo lo que eso significa. Y me imagino como en el cuento de niños un gigante que viene y me aplasta con su zapato talla 250.
Jugué con las hormigas toda mi vida y ahora les tengo un cariño bastante especial. Incluso sé que una hormiga "cachona" (así las llamamos acá) puede resistir 4 minutos y treinta segundos bajo el agua (no sé si respirando o no) y sobrevivir; más allá de ese tiempo cualquier intento por salvarla es inutil. También me divertí inmensamente mientras esperaba el bus del colegio poniendo a luchar una hormiga grande contra millones y millones de hormigas pequeñas. Incluso les dí a comer cucarachas y soñaba fervorosamente con tener mi hormiguero propio, como en un acuario, al estilo del que describían en uno de mis libros preferidos de infancia.
En fin, como dije antes ahora me debato entre la vida y la muerte. Y si esos malditos sancudos me dejaran dormir, si pudieran chuparme la sangre sin despertarme seguramente no los mataría. Pero bueno, así es la vida, cruel. Je, je. Saludos a sus cucarrones, y cuando nos veamos podemos hacer carreras con ellos.
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Juan Francisco Saldarriaga Chaux, at 12:45 PM, July 21, 2005
Alejo,
Me gusto tu escrito de los bichitos y me acordé de mi miedo por las arañas. Resulta que aquí en Eugene como no hizo suficiente frio, no se murieron los huevos de la arañas y tenemos una invasión. Alcance a matar una y esa noche me soñé con una araña pegada a mi dedo indice picandome muy fuerte. Así que decidí que más bien iba a buscar otra cosa diferente. Hernando me dio la formula del frasco. Coges un frasco y lo pones alrededor de la araña, deslizas un papel y tapas la boca del frasco y asi tapado llevas la araña al aire libre. Prueba a cer si te funciona con otros animales y me cuentas.
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Marti, at 6:43 PM, July 21, 2005
Los bichos son muy raros, hay tantos que uno no conoce y les tiene miedo...
Explíquese: ¿C{omo así que nos hablan?
¿Por qué ese título?
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Jelipe Felipe Jelipe Felipe, at 10:56 AM, July 23, 2005
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Jelipe Felipe Jelipe Felipe, at 10:56 AM, July 23, 2005
Parte de ese "don" que usted alguna vez bautizó, consiste en que yo no sólo quiero a los humanos sino que también quiero a los animales. Junto a ellos soy feliz; llego a crear unos vínculos afectivos tan estrechos que a veces pienso que pueden ser más estrechos que con los humanos. Siento que los animales son honestos, sinceros, cariñosos e instintivos; sí, es cierto, matan, se devoran entre sí, pero todo eso forma parte de ese "círculo de la vida" que tiene sus normas propias y sus reglas. Confieso que sufro cuando veo cómo un animal grande se come a uno chico, y que me toca ponerme a pensar en que eso pasa porque así funciona su universo y esas son sus reglas. Entonces, esos momentos pienso en cómo los seres humanos no tenemos reglas, matamos cuando nos antoja, hacemos daño a los demás, hacemos maldades y nos divertimos co nuestras perversiones. Si los humanos sólo matáramos para comer, sería una guerra justa. Pero los humanos matamos por poder, por diversión; entonces eso para mí es "injusto" aunque ya no sé si ese término existe o es una invención en mi cabeza...¿por qué, enotnces, matar a los animales? A mí me parece qu epodemos aprender de ellos, de su forma pacífica de convivir con la naturaleza, de cómo respetan las normas de la vida. Yo creo que los seres humanos trasgredimos todas las normas por el simple hecho de sentirnos más poderosos, y la verdad es que a mis ojos eso nos convierte en bichos aún más feos, aún más "despicable" que los propios insectos. Pues sí, las cucarachas son feas, las moscas hacen ruido y los zancudos nos chupan la sangre; pero, ¿alguna vez ha pensado en el ruido que le hacen sus vecions y qu eno lo deja dormir? ¿o ha pensado en eses seres iguales a ud, llámanse humanos, que son capaces de chuzarlo hasta la muerte por una maldita moneda? Yo a vecs quisiera que llegara de nuevo el diluvio universal y nos erradicara de la tierra, para dejarle campo a esas especies que merecen vivir más que nosotros. Para mí vivir con los animales es vital; mirar sus ojitos, consentirlos, sentir cómo van desarrollando cariño hacia mí....¡y vea ud que la naturaleza me "premió" con una alergia tan salvaje que escasamente me puedo acercar a ellos! Vaya ironía....
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MAGPIE, at 12:00 PM, July 24, 2005
Hola soy CANARIA y me agradan los insectos, si pudieran ser del tamaño de un perro o al menos de un gato...tendríamos mascota. (Tendríamos, mi chico y yo) aunque no se muy bien como reaccionaria mi chico con una mascota insecto del tamaño de un perro. Tampoco se muy bien con que lo alimentaríamos, pero seguro venderían sustituto de sangre por bolsas en los supermercados con todas las vitaminas que su mascota necesita. También seria jarto encontrarlo volando por la casa y moviendo las alas cuando nos vea llegar…Creo que la domesticación es abusiva, aquellos bichos o animales que quieran estar un rato en casa, bienvenidos sean pero nosotros no proveemos de comida especial ni paseos por las tardes.
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Canaria Lovegood, at 7:42 AM, July 25, 2005
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